La moda pierde a una de sus figuras más influyentes con la muerte de Valentino Garavani, el diseñador que durante más de medio siglo definió una idea de elegancia basada en la precisión, el romanticismo y la excelencia artesanal. Formado en París y forjado entre los códigos de la alta costura francesa, Valentino regresó a Italia para fundar su casa de moda en Roma en 1959, donde construyó un lenguaje propio que elevó el prestigio de la moda italiana en el escenario internacional. Su obra consolidó a Europa como epicentro creativo del lujo, demostrando que la tradición podía dialogar con la modernidad sin perder identidad.
A lo largo de su trayectoria, Valentino desarrolló una estética reconocible y coherente, marcada por siluetas depuradas, cortes impecables y una visión de la feminidad sofisticada y atemporal. Su famoso “rojo Valentino” se convirtió en un sello cultural, símbolo de poder, sensualidad y elegancia, presente tanto en la alta costura como en los grandes momentos de la alfombra roja. Sus creaciones vistieron a figuras clave de la política, la realeza y el cine, conectando la moda europea con la narrativa global del glamour y posicionando a su maison como una referencia indiscutible del lujo clásico.
Más allá del impacto estético, Valentino fue también un constructor de industria. Junto a su socio Giancarlo Giammetti, transformó su firma en un imperio creativo que supo equilibrar herencia, negocio y proyección internacional. En un mundo de cambios acelerados, su visión defendió la artesanía, la excelencia y el valor del tiempo como pilares de la creación. Su retiro, celebrado con una ovación en París, marcó el cierre de una era en la que el diseñador era, ante todo, un autor con voz propia y una identidad inconfundible.
La muerte de Valentino no solo representa la despedida de un creador, sino también la de uno de los últimos grandes couturiers formados bajo los códigos clásicos de la alta costura europea. Con él se va una generación que entendía la moda como arte, disciplina y legado cultural. Su influencia permanece en las casas que continúan su camino, en los diseñadores que aprendieron de su rigor y en una industria que, incluso en tiempos de transformación, sigue mirando al pasado para construir el futuro. Valentino deja una huella que trasciende tendencias: la de la elegancia como lenguaje universal.
Fotos: Cortesía.

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